Como buen ciudadano, estudiante, sin carro, sin plata para taxi y levantándome muy temprano para no llegar tarde a mi destino, puedo decir: ¡No soporto ni un día más en la ciudad!
Todos los días es el mismo viacrucis, trancones, embotellamientos, las horas pico y a lo sumo, la temporada de lluvias.
Sería absurdo decir que Bogotá no tiene un problema serio de movilidad, y más absurdo es decir que Transmilenio es una solución a este problema, que Samuel Moreno es el responsable directo y que vamos a tener metro en la ciudad próximamente, a Samuel simplemente le agradecemos su granito de arena al problema, dejó la ciudad patas arriba, o mejor, las calles.
Para empezar, Bogotá ha tenido un problema de planeación de muchos años atrás, a los que se suman los desastres realizados en políticas de desarrollo vial; todo producto de la irresponsabilidad al control que se debe realizar, son sinónimos entonces, a la “planeación” el clientelismo, el monopolio y por supuesto la corrupción, no se puede creer que estos sean elementos de un “óptimo desarrollo”, cuando la ciudad crece de forma rápida, desordenada y sin control.
Producto de lo anterior nos encontramos con el pésimo estado de las vías, del cual no se salva Transmilenio, las placas que se usan para sus troncales se habían diseñado para una duración de 5 años, antes de iniciar su mantenimiento, hoy en día no duran ni 6 meses, y algunas de ellas, que hacen parte de la Calle 26 ya están quebrándose; no se han realizado las ampliaciones de las avenidas que más lo necesitan, y que prometieron gobernaciones pasadas iniciarlas; la genialidad de Samuel de iniciar todas las obras al tiempo, aun cuando sabía que no existen vías alternas para descongestionar las principales, o en su defecto, que las calles secundarias no están diseñadas para la cantidad de tráfico a las que son sometidas todos los días y que solo las han venido deteriorando. Conclusión, por el momento, en la olla.
Es claro que se suman otras causas, efectos colaterales de las anteriores, la falta de cultura para muchos conductores de transporte público, como es recoger y dejar pasajeros en cualquier lado, que disminuyen el movimiento vehicular, ejemplo, en la carrera 10; el crecimiento de autos particulares en la ciudad, entre otros.
Transmilenio: sin lugar a duda la peor solución al problema de la movilidad, con todo respeto, me llamó mucho la atención un artículo reciente de El Tiempo, frente al malestar de las personas por el sistema, además de tener razón en sus quejas, y otras cosas.
Según el señor Ernesto Cortés Fierro Editor jefe de EL TIEMPO, dueño de la columna, que muy seguramente no utiliza Transmilenio, “El sistema es víctima de su propio éxito”, por favor, como se puede llamar exitoso un sistema que solo ha traído escándalos de corrupción al Distrito y contratistas, y ninguna solución al problema de la movilidad. Transmilenio acabó literalmente con las rutas que transitaban por sus troncales, y la demanda de usuarios se disparó de tal manera que no alcanzan ni a cubrirla con sus “biarticulados” ni la expansión de estaciones, pañitos de agua tibia que no solucionan nada, es un servicio que se demanda por obligación, no es un favor a los ciudadanos de la capital; a lo anterior, el señor Cortés continua su artículo comparando Transmilenio, con el sistema metro de Tokio, New York y Londres, sin tener algunos detalles de infraestructura vial, desarrollo de la ciudad, políticas públicas, cultura, planeación a largo plazo, tarifas, entre otros diminutos detalles que ubican estas ciudades en la cima del desarrollo.
Finalmente, nos da una perspectiva diferente al problema de este sistema: “nos cuesta reconocer nuestras propias fallas: se fuma en las estaciones, se evade su pago, se invaden sus puentes, se bloquea sin razón. No sentir orgullo y no hacer nada por defender lo poco que funciona medianamente bien” No puedo decir mucho frente a esto, solo se puede responder que, Transmilenio no funciona, simplemente no lo impusieron a las tarifas que prefieren, sin opción de un transporte publico alterno, decente y económico, como se suponía sería Transmilenio, que en temporadas de invierno como las que padece actualmente el país, simplemente colapsa y que para este año pretende subir aún más la tarifa, para decirlo no se necesita ser experto en nada, simplemente habla un usuario no muy frecuente.
Para iniciar realmente con soluciones, es preciso reconocer las fallas reales del problema de movilidad en Bogotá, y no pretender que dejando de fumar en las estaciones se hará un cambio significativo.
Por supuesto no soy experto en la materia, hablo desde mi opinión y desde mi rol de ciudadano, tomar medidas rápidas al problema de las calles alternas que se han venido utilizando para no tomar las principales y que por lo mismo se han venido deteriorando considerablemente, evidentemente con el inicio de obras en la zona del centro es difícil hacer algo más que esperar, sin embargo, se han iniciado ampliaciones de las principales avenidas, como la calle 100, o el cruce de la misma con carrera 15 donde actualmente se adelantan obras para descongestionar y que la mayoría conoce la magnitud de los trancones en esa zona. Considero que las soluciones a corto plazo en infraestructura según la demanda de tráfico ayudaran muchísimo mientras se inicia con soluciones a mayor escala. El clientelismo y los monopolios se deben dejar a un lado, algo muy difícil en el país, pero no imposible. Lo demás son medidas frente a problemas de cultura y educación que no solo afecta la capital, sino al resto del país.
No queda sino repetir lo de siempre, buscar medios alternativos de movilización, tener calma, plantearse una discusión real al problema y dejar de lado la idea de que Transmilenio y el Metro son las únicas alternativas, sin embargo, sigo a la deriva y un poco escéptico frente a las discusiones en torno al Sistema Integrado de Transporte.
Como de costumbre, solo nos quedan las mismas opciones, esperar o actuar.
La discusión está abierta, ¿alguna otra causa del problema? o ¿alguna otra solución?
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