Sueño al oleo
Me
acerco a un espejo de cuerpo completo, pero me fijo únicamente en mi cara, que
empieza a cambiar a diferentes rostros de mujer.
Primero un cabello abundante
crespo de un siena tostada, piel más bien tierra cassel, ojos negro marfil, me sonríe mientras arregla su cabello. Ahora cambia a un cabello corto ocre claro brillante, piel quizás de un amarillo nápoles
oscuro, labios rojos cadmio oscuro y ojos carmín granza oscuro.
Aunque
sigo cambiando una y otra vez, no tengo miedo, no siento temor, tampoco
compruebo lo que veo en el espejo pasando las manos por mi cara. Todas y cada
una de las mujeres que veo son esplendorosas, hermosas. Y en el fondo de ellas, es
decir, el reflejo de lo que hay detrás de mi espalda, una gama de colores
indescriptibles, por la velocidad y la armonía en la que cambian.
Finalmente, cambio a
un cabello largo, negro de marte, tez blanca, labios alizarin crimson claros, y
aunque sus ojos son negros tiene destellos de violeta cobalto en su iris, casi
mágico. Me sorprende. En un sólo rostro
una combinación inolvidable de colores. También al fondo (que es el mío, pero
que ignoro) se encuentra estable, sólo veo un ocre oro, verde cinabrio, blanco
mixto y pequeños pedazos de azul prusia, como pinceladas fuertes pero en
movimiento, se mueven, pero no se combinan entre sí.
Me invade algo similar al terror y advierto el absurdo del momento, ella, a diferencia de las anteriores visiones no sonrie, por el contrario toma aliento para decirme algo.
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