Los minutos que deje a un lado, se convierten hoy en días interminables.
La incertidumbre de tu vida me tiene en vilo... ¿ pero sabes? en esos días interminables a determinada hora te dedico un minuto, que extiendo a lo largo del tiempo, formando las horas y luego los días que prometí estar a tu lado, que prometí que no te fallaría, que estaríamos juntos.
Las pequeñas historias y los nuevos caminos que aun me faltan por conocer me alejan del que pudo ser contigo, pero siempre termino mirando a mi lado y te imagino, sonriente como la primera vez que nos conocimos, como cuando me veías llegar tras largos periodos de ausencia y caminando de mi mano dábamos la espalda al mundo.
Pasará el tiempo y puedes estar segura, que completaré los minutos, las horas y los días que prometí estar a tu lado, que prometí que no te fallaría, que estaríamos juntos; y cuando complete todo ese tiempo, recorreremos esos caminos que dejamos de andar, viajaremos a los lugares de los que hablábamos siempre, y cumpliremos los pequeños sueños que cultivábamos en las noches de distancia, para cada cosa tendremos todo el tiempo del mundo.
Puedes estar segura, porque todos los días te dedico un minuto, que extenderé a lo largo del tiempo, hasta que finalmente, estemos juntos otra vez, como siempre debió ser.
No vivo en la parte más linda de la ciudad, es un hecho evidente, no me inquieta, además tengo una excelente vista. Esta tarde, antes de que se fuera mi novia, mientras comía algo para su regreso a casa me dijo:
-“La gente se termina acostumbrado”
“No te entiendo” indiqué
“Por ejemplo a la vista que hay, ya no la miran, incluyéndote” respondió.
Giré la cabeza un poco hacia la izquierda y ahí estaba… enorme, brillante, a pesar de la leve llovizna que aun caía después de horas de torrencial aguacero, la vi hermosa, es cierto, Bogotá es una ciudad más, gris, fría y todo lo que quieran agregar, pero me gusta pensar en el millón de historias que nacen o mueren todos los días.
Comprendí entonces que tenía que ver nuevamente a mi alrededor, releer lo escrito, retomar las caminatas nocturnas con fiel idolillo, las charlas con la abuela, disfrutar del sol matinal que entra por la ventana de la sala, las largas duchas para aliviar el estrés, disfrutar de la vista que tengo, todas esas pequeñas cosas que hacia sin darles mayor trascendencia, sin disfrutarlas como antes, posiblemente volviendo a ese minúsculo pasado pueda entender más de dónde vengo, y porque no, definir, un poco más, para donde voy sin olvidar lo que soy.
Dejemos de lado el discurso político, la ideología, la economía, los grandes análisis y todas las excusas que existen, de las cual algunos nos hastiamos todos los días, y sin embargo es tan real, tan cierto… La realidad del mundo en 13 minutos.
"Lo que coloca seres humanos por debajo de los cerdos en la prioridad de elección de alimentos es el hecho de no tener dinero, ni dueño (…) Libertad, es una palabra que el sueño humano alimenta, que no hay nadie que la explique, ni nadie que no la entienda."
Yo no creo en el amor, ya lo comprobé…
Hace tiempo que la vida, escupiéndome a la cara, me he venido enseñando, que el amor, junto con otras cosas que no vienen al caso, es una abstracción tan absurda e indescifrable que simplemente me dio pereza seguir intentando entender, con quienes he tenido la oportunidad de hablar del tema, llegamos a la conclusión de que son al final más problemas que ratos lindos; no sé si realmente me he enamorado, el que sí y sepa describirlo o llegar a alguna noción cercana a lo que es, que por favor se ponga en contacto conmigo; es muy probable que muchas veces haya dicho “te amo” y que solo sean dos palabras sin sentido y vacías pronunciadas buscando algún interés en esa otra persona, ¿cruel? Posiblemente, pero es cierto.
No creo en el amor, no sé si exista, tengo millones de dudas que morirán cuando yo muera, pero no por eso tiene que ser trágico, melancólico, dirán algunos, emo y triste, todo lo contrario, en mis pequeños autoanálisis y reflexiones de corta mente, en vez de creer en el amor y quemarme más la cabeza, he decidido fuertemente creer en:
La primera tarde juntos, en el olor del vino caliente y la luz de las velas, en el momento inoportuno para decirle las palabras más oportunas, en la piel y en sus suspiros, en ese buen sexo que tenemos los dos, en las miradas sin palabra alguna, en el valor ciclópeo que le damos a un objeto o lugar, en el cigarrillo compartido, las borracheras juntos, en ese rato con los amigos, sean míos o de ella, en las peleas y mucho más, en esos reconcilies, en la satisfacción de caminar de la mano juntos… Sí, definitivamente es más fácil por ese lado; por el momento me quedaré a su lado, siendo fiel a eso y no a lo que aún ignoro, hasta que algún día conozca que es ese cuento del amor.
Una vez cesada la bulla por mineros en Chile y más allá de métodos de rescate y revelación de sus vidas personales, lejos de todo eso, recordé una historia del escritor uruguayo Eduardo Galeano; compartirlo no por una temática de minería, tal vez por la importancia perdida que tienen las palabras, espero les guste:
SOBRE MI PRIMER DESAFÍO EN EL ARTE DE NARRAR
El pueblo boliviano de Llallagua vivía de la mina, y la mina devoraba a sus hijos. Metidos en los socavones, las tripas de las montañas, los mineros perseguían las vetas de estaño y en esa cacería perdían, en pocos años, los pulmones y la vida.
Yo había pasado un tiempito ahí, y me había hecho algunos amigos.
Y había llegado la hora de partir.
Estuvimos toda la noche bebiendo, los mineros y yo, cantando tristezas y contando chistes, a cual más malo.
Cuando ya estábamos cerca del amanecer, cuando poco faltaba para que el chillido de la sirena los llamara al trabajo, mis amigos callaron, todos a la vez, y alguno preguntó, o pidió, o mandó:
–Y ahora, hermanito, dinos cómo es la mar.
Yo me quedé mudo.
Insistían:
–Cuéntanos. Cuéntanos cómo es la mar.
Ninguno de ellos iba a verla nunca, todos iban a morir temprano, y yo no tenía más remedio que traerles la mar, la mar que estaba lejísimos, y encontrar palabras que fueran capaces de mojarlos.
Conozco gente sabía, gente agradable, interesante, egocéntrica, inteligente, que no sabe hablar y si sabe escribir, gente que sabe amar y otra que sabe odiar. Sin duda alguna conozco gente que no deseo ver, gente problematica, poco interesante, aburrida y gris, gente que jamás dejara de ser eso, y gente que ahora es mi gente.
Conocí gente que marca diferencia en la gente, porque es gente difícil de tratar, de carácter fuerte, gente de sinceridad brutal, a esa gente doy gracias, cada palabra fue verdad y por eso es gente de admirar. Conocí gente que dejo sabores amargos, algunos otros dulces, y uno que otro sinsabor. Conocí gente que jamás olvidare, y gente que ya dejé a un lado.
Conoceré gente incomprendida, solitaria entre su misma gente, gente que cumplirá sus metas y otras más que se quedarán sin conocerlas, conoceré gente aún más sabia, agradable, gris y problematica, gente que se irá como otra que volverá.
Yo soy gente entre la gente, en ocasiones hablo por la gente y en otras me olvido de la gente, a veces me gusta estar entre la gente, oculto, arcano y enigmático, pero siempre en el intento de dejar de ser gente termino siendo simplemente eso… Gente.
«Que la vida iba en serio uno lo empieza a comprender más tarde como todos los jóvenes, yo vine a llevarme la vida por delante.
Dejar huella quería y marcharme entre aplausos envejecer, morir, eran tan sólo las dimensiones del teatro. Pero ha pasado el tiempo y la verdad desagradable asoma: envejecer, morir, es el único argumento de la obra.»