Una sociedad que desechar


Bogotá es una ciudad hostil. Actúa como si fuera un gran organismo que todo lo engulle, por medio de su clima, su suciedad, su gente.

Levanté la mirada, una a una las imágenes monótonas pasaban por la ventana de este carro a un ritmo constante, pero ahora llevamos quince minutos sin movernos, en esta parte de la ciudad no son frecuentes los trancones, los pitos se oyen desde el más cercano al más lejano, como quien grita y quienes lo siguen como borregos. Deben ser las diez de la noche. Cuando parece que por fin nos movemos, nos detenemos una vez más, justo para lograr ver la causa de la demora, algunos, con esa enfermiza actitud de morbo se ponen inmediatamente de pie. A la izquierda hay una pelea, veo dos carros particulares y un taxi con sus puertas abiertas. Hay un hombre en el suelo, su cara escurre sangre, imposible saber de que parte exactamente, pide que no lo golpeen más, aunque es una petición en vano, una patada al rostro ya ensangrentado aterroriza a quienes viajan conmigo y los reclamos no se hacen esperar.

-¡No le pegue más! Grita una mujer de la Defensoría por la ventana.

La respuesta es inmediata

-No sea sapa, vieja hijoputa, ¿ o me va a pagar usted la carrera? ¿Va a defender a la rata?

Ahora todo está claro, un intento de robo, pero aquél hombre escogió el taxi equivocado, el día equivocado, la hora equivocada.




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A la orilla del mar


Despertarás lejos
recordarás otras noches
nuevos sueños, mejores recuerdos
ahí viene el tiempo y su velo del olvido.
Yo también habré de olvidarte
con cada nueva ilusión
que llega con las olas,
empiezo caminando sobre la arena
al compas de mis recuerdos
hasta que la vida
traicione de nuevo mi confianza.



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El peso súbito de las palabras




Cuando me miró, preguntó en todo irónico:

-¿Qué tienes para ofrecer?

Metí las manos entre los bolsillos y sólo saqué palabras que se rompieron al caer al suelo.

-Esto. 
Contesté. 


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El Cómplice


Me crucifican y yo debo ser la cruz y los clavos. 
Me tienden la copa y yo debo ser la cicuta. 
Me engañan y yo debo ser la mentira. 
Me incendian y yo debo ser el infierno. 
Debo alabar y agradecer cada instante del tiempo. 
Mi alimento es todas las cosas. 
El peso preciso del universo, la humillación, el júbilo. 
Debo justificar lo que me hiere. 
No importa mi ventura o mi desventura. 
Soy el poeta.


Jorge Luis Borges

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El rostro de un candidato político en una valla publicitaria


Ahí está:
No demasiadas resacas
No demasiadas peleas con mujeres
No demasiados neumáticos desinflados
Nunca pensó en el suicidio

No más de tres dolores de muelas
Nunca se saltó una comida
Nunca estuvo encarcelado
Nunca estuvo enamorado

7 pares de zapatos

un hijo en la universidad
un coche que no tiene más que un año
pólizas de seguros
un césped muy verde
cubos de basura con tapa hermética

seguro que le eligen.

Charles Bukowski






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Ausencia de amor



Cómo será pregunto.
Cómo será tocarte a mi costado.
Ando de loco por el aire
que ando que no ando.
Cómo será acostarme
en tu país de pechos tan lejano.
Ando de pobrecristo a tu recuerdo
clavado, reclavado.
Será ya como sea.
Tal vez me estalle el cuerpo todo
lo que he esperado
Me comerás entonces dulcemente
pedazo por pedazo.
Seré lo que debiera.
Tu pie. Tu mano.
Juan Gelman


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Y entonces lo sabes


No son las cartas de amor, las palabras, tus besos o las caricias, la forma de hacer el amor o la forma en que dormimos juntos, pero aun así ya lo sabes.

Es la forma delicada en que tus dedos teclean en el computador, escribes en algún papel, la forma en que coges la cuchara, en que miras hacia el mundo y suspiras, la forma en que caminas, en que sirves el café y la forma en que acomodas parte de tu cabello detrás de la oreja…

Sí, te aseguro que cada detalle que no tiene que ver conmigo y que a veces es tan solo una reacción casi involuntaria de tu ser, son los detalles que no puedo dejar de ver, pues trato de descifrar cada movimiento, a veces tan leves como el humo que se desprende del cigarrillo que fumas.

Cada acto simple que realizas, en el que soy espectador y son ajenos a mi voluntad, es una extraña mezcla de magia y algarabía, robas toda mi atención.

Pero lo realmente mágico, es que, después de la realización de un acto tan común con exquisita concentración, como lo es tu forma de escribir o de caminar, o de algunos otros delicadamente involuntarios, como la forma en suspiras o acomodas parte de tu cabello detrás de la oreja, percibes mi presencia y soy lo que inmediatamente buscan tus ojos. Es cuando quedo desarmado y entonces lo sabes.

Sabes que estoy enamorado.

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You Know You're Right


Hay dos cosas elementales: Nadie esta en posición de juzgar, nadie esta en posición de dar consejos.

El problema es que se cree y se actúa al contrario. 

Y nos tambaleamos entre ser verdugos y víctimas, parece que no conocemos mas. Cometemos toda clase de errores, juzgamos de la forma mas severa y damos consejos que nunca aplicaríamos a la vida. Confundimos la radicalidad con la grosería y viceversa. Producimos daño como si fuéramos dioses reclamando sacrificios para purgar penas que nadie entiende. Y con sevicia clavamos profundo la daga de la ironía y sarcasmo en el otro, esperando un mejor golpe, de ese, que por ratos vemos como enemigo.

Cuando nos damos cuenta, hemos perdido mas de lo necesario para entenderlo, pero nunca lo entendemos mientras vamos perdiendo. 

¿La solución? No, no la se. Diría que la soledad, pero en su inmensidad también le queda grande dar consejos. 

Quizás algún día entenderé a quienes ven el éxito de la vida en la cumbre de una carrera, un puesto prestigioso con grandes cantidades de dinero y en el cumplimiento estricto de las leyes del hombre y de la razón, quizás ese día pueda juzgar sin resentimientos, quizás inicie algún lúcido trabajo y no pierda la cabeza en lo dicho y lo que faltó por decir, también podría desechar las personas que 'interfieren' en ello... Quizás ese día pueda ahorrarme tantas palabras y penas, mientras cambio de canal en la TV.





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Érase una vez el amor pero tuve que matarlo


"... Uno se mete a escribir porque no fue capaz de pegarle a un chófer que lo puso en evidencia, porque no destrozó los platos en un restaurante, porque no se enfrentó a un policía loco que insultaba a su novia, porque no le dijo a su madre lo mucho que la amaba y detestaba, porque no escupió a un profesor que decía que la tierra era redonda, porque se dejó ganar el puesto en la fila del cinema, porque no tiene oficio ni beneficio, porque piensa que es una forma fácil de hacer fama y dinero, porque si lo hacen mamarrachos como García Márquez y Mutis uno también puede hacerlo, porque no es bueno para los números, porque no quiere ser médico ni abogado, porque está ardido, porque odia a la gente y quiere insultarla.

Uno se mete a escribir porque una chica linda le dijo que le gustaban los escritores, porque necesita una coartada para no trabajar, porque lo hace sentir superior, porque se leyó un par de novelas de vaqueros y quiere entrar en la competencia, porque es un cowboy sin oeste, porque cagatintas como Vargas Llosa lo hacen, porque no tiene voz, porque no tiene ritmo, porque está harto de hacerse la paja, porque quiere atorar a una mujer pero no hay forma, porque piensa que tiene algo que decir, porque descubre que las chicas lindas dicen que los escritores son tiernos pero salen con mafiosos, porque no lo dejan estrujar a la reina nacional de belleza, porque está flaco y no hay remedio, porque tiene miedo de morir sin haberle hundido los pelos a una chica linda, porque si un mamón hipócrita como Vargas Llosa escribe cualquiera puede hacerlo, porque sabe que el cine es tiempo perdido, porque tiene envidia de esos mandriles que salen en la pantalla y ganan millones, porque quiere ser como Bukowski a falta de mejores oportunidades.

Uno se mete a escribir porque no sabe boxear ni tiene agallas, porque tiene los dientes torcidos y no puede sonreír como quisiera, porque para los impotentes de toda índole no hay otro camino, porque todos los feos escriben o asesinan y uno no es capaz de matar una mosca, porque escribir da importancia, porque para que a uno le digan escritor no necesita hacerlo bien y para que lo llamen hijoputa no importa si su madre es una santa, porque tiene miedo de quedarse a la deriva sin hacer nada, porque no puede beber cada noche, porque ama a Dios pero odia las sociedades sin ánimo de lucro, porque no tiene novia, porque no hay emociones sino insultos, porque en su casa no hay tele y la radio se averió, porque la mujer del vecino es un bombón, porque tiene miedo de quedarse calvo y por eso evita los espejos. Uno se mete a escribir porque no se atreve a asaltar un supermercado, porque ama a una mujer y ella es la novia del chico listo de la cuadra, porque no hay suficientes revistas pornográficas, porque quiere hacer algo más que cagar y masturbarse, porque no es el chico listo de la cuadra ni el chico fuerte ni el gracioso, porque es el chico nada, porque vale tres tiras de verga, porque afuera lo cascan, porque su madre grita todo el tiempo, porque no hay ilusiones ni luz al final del túnel, porque su mente vuela bajo y nunca será otro Cioran, porque no tiene valor para saltar, porque no quiere la esposa fea que merece, porque tiene miedo de morir sin haber probado un bello culito, porque no tiene el modo de escupir de Clint Eastwood, porque se atasca entre una y otra intención, porque érase una vez el amor pero tuve que matarlo..."


Efraim Medina Reyes

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Mujer, libérate.

Mujer, libérate.
libérate de las costumbres, de la etiqueta, de la tradición
libérate de los ecos de las voces masculinas
que repiten sin contenido, alusiones absurdas a la obediencia impuesta,
al desconocimiento histórico de tu lucha

Levanta la mirada, abraza tus sueños
estremécenos una vez más, como lo han hecho todas las mujeres
reconocidas o no, en esta sinvergüenza historia
porque no se trata de un día, 
se trata de toda una vida
indícanos el camino para construir todo lo que aún nos falta

mujer, libérate.
mujer, enséñanos…

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Reclamos de un alma fragmentada


Vuelve a parpadear y las luces de la ciudad, que mira desde la ventana desde hace algún tiempo ya, se distorsionan y con ellas un recuerdo que no está segura, ahora sin rabia, sí desea realmente eliminar para siempre, de todas formas será inútil, lleva meses tratando de olvidar.

Trabajo nuevo, rutina nueva y una nueva apuesta en el amor es lo que tiene. A él lo quiere, pero no puede evitar el recuerdo de quien marcó, aunque ahora crea que para mal, su vida con desilusión y el adiós. No es infidelidad, ni mucho menos inseguridad. No hay quien esté en posición para juzgar los arrebatos del corazón.

Está cansada, es tarde y mañana debe continuar, sin embargo sigue mirando por la ventana, tampoco podemos decir si está esperando, si se sigue cuestionando o si tan solo hace, como hemos señalado ya, el inútil intento de olvidar.

Como sea, no solo es en la noche que la aborda el reclamo profundo de la vida por aquella parte de su alma que dio (¿Cómo podemos decir si debió dar o no esa parte de su alma? Si la felicidad del instante nos hace justificar lo injustificable y estamos, nuevamente, en un punto de incapacidad para juzgar), pasa lo mismo en el bus camino a casa, en los minutos que se toma para descansar del trabajo e incluso, cuando después de hacer el amor, su mente vuela a los lugares menos queridos y en todos sin respuesta, tan solo un silencio póstumo del corazón lastimado.

Es lo que más le duele, no poder responder a ese reclamo.

Lo que no sabe, es que con el pasar de las horas, los días y los meses, sabrá entender que nada fue planeado y que sin excusas, sin pedir perdón, ni justificar lo injustificable, sin pedir nada a cambio, su alma estará curada, dejará malestar, como un musculo después de ser golpeado, pero que volverá a reír y porque no, quizás esté dispuesta a entregar otra vez parte de su alma.

No será pronto y por ahora, sigue mirando por la ventana, con ojos apagados, hasta que el sueño finalmente la vence.


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