Etéreo
Cada
vez es más difícil escribir. Al principio quería exigirme un poco más, superar
el pobre contenido del blog; luego fueron las excusas del estudio y del
trabajo. Hoy, ahora, que no tengo ninguna excusa válida que me libre, me
enfrento a la hoja en blanco completamente desprotegido. Me aturde. Pierdo la
batalla antes de comenzar.
He
acudido a fotos, escritos viejos, libros, consejos, otros blogs, algo que logre
inspirarme y no encuentro algo digno de contar. ¿Por qué antes sí lo
consideraba? ¿De dónde provenía esa insolencia para aventurarme a tan pobres
textos? Me he convertido en mi principal y más duro crítico, no solo para
escribir, también para actuar, aconsejar, pensar, mantener una reciprocidad con
las personas.
Quizás
me pueda anticipar a las preguntas válidas que puedan surgir en este momento.
La respuesta es aparentemente simple, una palabra subvalorada, por lo menos, en
un ámbito íntimo y personal: Resistencia. Una resistencia similar a la que
adquieren los atletas cuando diariamente corren para la gran maratón. Bueno, diariamente
he venido aceptando cierta monotonía, autocrítica y estados de aburrimiento a
cambio de atrapar una idea vaga, consolidar un impulso para salir de la zona de
confort o reflexionar «en
mí». Resistir a la invariabilidad, sobreponerse, sacar
provecho de ella. Tal vez, un cambio de identidad.
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