No son las cartas de amor, las palabras, tus besos o las caricias, la forma de hacer el amor o la forma en que dormimos juntos, pero aun así ya lo sabes.
Es la forma delicada en que tus dedos teclean en el computador, escribes en algún papel, la forma en que coges la cuchara, en que miras hacia el mundo y suspiras, la forma en que caminas, en que sirves el café y la forma en que acomodas parte de tu cabello detrás de la oreja…
Sí, te aseguro que cada detalle que no tiene que ver conmigo y que a veces es tan solo una reacción casi involuntaria de tu ser, son los detalles que no puedo dejar de ver, pues trato de descifrar cada movimiento, a veces tan leves como el humo que se desprende del cigarrillo que fumas.
Cada acto simple que realizas, en el que soy espectador y son ajenos a mi voluntad, es una extraña mezcla de magia y algarabía, robas toda mi atención.
Pero lo realmente mágico, es que, después de la realización de un acto tan común con exquisita concentración, como lo es tu forma de escribir o de caminar, o de algunos otros delicadamente involuntarios, como la forma en suspiras o acomodas parte de tu cabello detrás de la oreja, percibes mi presencia y soy lo que inmediatamente buscan tus ojos. Es cuando quedo desarmado y entonces lo sabes.
Hay dos cosas elementales: Nadie esta en posición de juzgar, nadie esta en posición de dar consejos.
El problema es que se cree y se actúa al contrario.
Y nos tambaleamos entre ser verdugos y víctimas, parece que no conocemos mas. Cometemos toda clase de errores, juzgamos de la forma mas severa y damos consejos que nunca aplicaríamos a la vida. Confundimos la radicalidad con la grosería y viceversa. Producimos daño como si fuéramos dioses reclamando sacrificios para purgar penas que nadie entiende. Y con sevicia clavamos profundo la daga de la ironía y sarcasmo en el otro, esperando un mejor golpe, de ese, que por ratos vemos como enemigo.
Cuando nos damos cuenta, hemos perdido mas de lo necesario para entenderlo, pero nunca lo entendemos mientras vamos perdiendo.
¿La solución? No, no la se. Diría que la soledad, pero en su inmensidad también le queda grande dar consejos.
Quizás algún día entenderé a quienes ven el éxito de la vida en la cumbre de una carrera, un puesto prestigioso con grandes cantidades de dinero y en el cumplimiento estricto de las leyes del hombre y de la razón, quizás ese día pueda juzgar sin resentimientos, quizás inicie algún lúcido trabajo y no pierda la cabeza en lo dicho y lo que faltó por decir, también podría desechar las personas que 'interfieren' en ello... Quizás ese día pueda ahorrarme tantas palabras y penas, mientras cambio de canal en la TV.
«Que la vida iba en serio uno lo empieza a comprender más tarde como todos los jóvenes, yo vine a llevarme la vida por delante.
Dejar huella quería y marcharme entre aplausos envejecer, morir, eran tan sólo las dimensiones del teatro. Pero ha pasado el tiempo y la verdad desagradable asoma: envejecer, morir, es el único argumento de la obra.»