Un rato en el paraíso



Enciende otro cigarrillo y toma un trago largo mientras mira pasar las parejas del lugar en múltiples direcciones. Los tacones le cansan y son más de las dos.

Otro trago, más largo ahora para desocupar el vaso. Lo mira y mientras pide el siguiente irónicamente sonríe, el Entre Sabanas sin hielo es su favorito.

Cuando no trabaja, pasa el día en ropa suelta, una chaqueta cubierta para evitar ver al sol. Le gusta el cine, va sola y ya olvidó la última vez que fue con alguien. Quizás nunca fue con alguien. La habitación en la que duerme está llena de fotografías de su familia pasada, o eso quiere creer. No recuerda de donde salieron pero las colecciona, las mira al levantarse intentando encontrarse en ellas, nunca lo ha conseguido. Siempre improvisa sus comidas, pero nunca desayuna, cuando abre los ojos es más del medio día.

Ninguna casualidad a su favor en años. Nunca hay un ayer que valga la pena recordar, pero siempre hay un mañana esperanzador, esa idea le da asco, le produce náuseas y cada vez que llega rompe en llanto y tira sus cosas con rabia. Odia esa idea, pero carga con ella, no puede sacársela de la cabeza. La soledad la invade, pero aprendió a soportarla con 1 gramo diario y siempre acompañado de licor. Pensando. Soñando con los ojos abiertos, maldiciendo su suerte en cada alucinación.


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Autoevulación, cuatro consejeros en la vocación de escribir


Aprovechando el descanso de este año que pasó, ha sido prudente volver sobre este espacio, sobre todo para evaluarlo desde los consejos de cuatro autores que han dedicado su vida a las letras: Robert Louis Stevenson (Ensayos Literarios), Mario Vargas Llosa (Cartas a joven novelista), Harold Bloom (Cómo leer y por qué)  y Norman Mailer (Un arte espectral, que aún no termino).

Por supuesto, hay más autores que en algún momento se han esforzado por compartir sus experiencias en vía de disipar todo tipo de dudas sobre quienes de una u otra forma encontramos las letras como algo apasionante, pero hasta el momento son estos, por recomendación y regalo, que han llegado a mis manos con la esperanza de que la lista crezca. 

Aunque parece una extraña combinación, todos tienen algo en común: Hay que ceder ante la menor tentación de escribir, por más leve que sea, si esta atracción o necesidad es sincera, sin pensarlo, sin vacilar, sin esperar retribución a cambio, déjese llevar. Puesto que todos, creo yo, estamos de acuerdo con Vargas Llosa en que la literatura, sobre todo escribir, es “lo mejor que se ha inventado para defenderse contra el infortunio”.

Habrá que decepcionar, no es el momento de hacer un resumen o síntesis de lo que dicen estos autores en el papel de consejeros, por una razón muy simple: no es lugar para ello y cada autor es un universo diferente respecto al otro, las experiencias personales, como sus consejos, no se parecen en nada entre sí, lo que llevaría a un texto bastante largo y lo que es peor, con mis apreciaciones respecto a ellos.

Tal vez pueda dar estas dos recomendaciones para persuadir el interés: 1. No son manuales para aprender a escribir algo y, esta puede generar discrepancias, 2. Si tiene intención de escribir, hay que leerlos.

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