Un rato en el paraíso
Enciende
otro cigarrillo y toma un trago largo mientras mira pasar las parejas del lugar
en múltiples direcciones. Los tacones le cansan y son más de las dos.
Otro
trago, más largo ahora para desocupar el vaso. Lo mira y mientras pide el
siguiente irónicamente sonríe, el Entre
Sabanas sin hielo es su favorito.
Cuando
no trabaja, pasa el día en ropa suelta, una chaqueta cubierta para evitar ver
al sol. Le gusta el cine, va sola y ya olvidó la última vez que fue
con alguien. Quizás nunca fue con alguien. La habitación en la que duerme está
llena de fotografías de su familia pasada, o eso quiere creer. No recuerda de
donde salieron pero las colecciona, las mira al levantarse intentando
encontrarse en ellas, nunca lo ha conseguido. Siempre improvisa sus comidas,
pero nunca desayuna, cuando abre los ojos es más del medio día.
Ninguna
casualidad a su favor en años. Nunca hay un ayer que valga la pena
recordar, pero siempre hay un mañana esperanzador, esa idea le da asco, le
produce náuseas y cada vez que llega rompe en llanto y tira sus cosas con
rabia. Odia esa idea, pero carga con ella, no puede sacársela de la cabeza. La
soledad la invade, pero aprendió a soportarla con 1 gramo diario y siempre
acompañado de licor. Pensando. Soñando con los ojos abiertos, maldiciendo su
suerte en cada alucinación.
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