La última mariposa

La última mariposa amarilla se dejó vencer por lo mágico que relucía el fuego, que a decir verdad era de muchos colores, un fuego enorme, que a pesar de la brusquedad con la que ardía, era mágico y se movía con cierta armonía, como las ilusiones que aún con la incertidumbre de su cumplimiento, nos atraen con cantos y promesas. Así lo sentía ella.


Finalmente voló hacia el fuego para que sus cenizas se unieran a la de sus compañeras, todas ingenuas y confundidas por el mismo canto. 


Cenizas, que la leve brisa de la esperanza se llevó y que parte de mí aún espera volver a sentir.


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